25 de febrer 2005

Mi vida con Moebius

Nací en mil novecientos sesenta y nueve (Hospital de San Pablo). Lo cual en aquel tiempo, los médicos no tenían ni idea de lo que era el síndrome.
Estuve en una cámara de oxígeno, un montón de días. Mi gran mamá ya notó cuando me vio por primera vez que no era igual que mi hermana anterior.
Los facultativos al cabo de unos días, les dijeron a mis papis, que ya me podían llevar a casa. Ellos muy inteligentes decidieron trasladarme a otro hospital.
Allí les dijeron que había nacido de un modo muy especial, me habían echo mucho daño al nacer, que ni oiría, ni andaría y bueno de todo lo peor.
Menos mal que aquellos buenos señores se equivocaron.
Fui creciendo gracias a mi madre y su gran lucha por mi, que si no es por ella, no se donde estaría.
Por las noches desde que nací, hasta los ocho años, lo pasé muy mal porque me ahogaba. Las anginas se me habían desarrollado más de lo normal y eso me impedía que respirara bien al dormir.
Gracias a un doctor de pago que fue mi salvación, me operó y empecé a vivir.
Llegó la escolarización y ahí estaba yo con mi cara diferente.
Me decían de todo lo habido y por haber, pero a veces me afectaba y otras no.
Recuerdo a una profesora que se llama o se llamaba Magdalena, era mi ángel de la guarda. Una excelente persona, siempre la llevaré en mi corazón.
Ahora bien, tenía otra que ya se ha acordado Dios de ella. Les decía a mis padres que me suspendía el catalán, no porque no supiera hablarlo ni escribirlo, si no porque no porque, no podía PRONUNCIARLO, una crueldad.
Afortunadamente, no creo, ni quiero que se repita mi caso con la profesora, ni con ningún adulto o niño con Moebius; ni con nadie.
Eran otros tiempos.
Llegó la adolescencia y es cuando peor lo pasé.
Mi gran corazón empezó a sentir latidos especiales hacia el sexo opuesto y de verdad supe lo que era ser diferente de los demás.
Pienso que ellos se lo perdieron en conocerme. Menos mal que no todo el mundo se fija en la belleza exterior, para mi la interior es la más importante.
Tengo treinta y seis años, soy consciente de lo que es pasar situaciones incómodas a causa del síndrome.
Reflexiono en mi madurez que uno tiene que enfrentarse a la vida de frente, sin rodeos.
Desgraciadamente hay chicas con mi mismo problema, que no se aceptan y van buscando la perfección y me da mucha pena.
Ellas no son conscientes del daño que pueden hacer en su entorno. A medida que se van cumpliendo años se adquiere seguridad y confianza en uno mismo. Desde estas páginas quiero agradecer a mis padres y mi hermana la vida tan feliz que me dan todos los días.
A nuestra querida presidenta y a toda su familia, mis mas sinceras gracias, de salir en aquel famoso programa, ¿Quién sabe dónde? . Porque si no hubiera sido así, no sabría nada de lo que tengo.
Yolanda Fernández Cámara

1 comentari:

antohny ha dit...

Bonita historia, x cierto, me la enviaste y la tengo guardada en mi habitación, Saludos.