El martes vine a lengua y estuve leyendo un libro que era muy bonito que se trataba de una niña que iba a casa de los abuelos que vivian en las montañas en medio de los prados. La casa era oscura las ventanas eran cuadradas y los ladrillos eran como si fueran de turron la terraza estaba hecha con piedrecitas el abuelo se llamaba Lorenzo y la niña Susana y jugaba a romper el hielo con el tacon porque la escarcha se helaba y se hacia hielo.
Dolores Hernández Figueres